Antes de comenzar con discursos “reales” que puedan poner en duda mis posteriores palabras, les deseo a todos mis lectores unas Felices Navidades y un próspero año nuevo.

Una vez cumplido con el requisito mediático de estas fechas, me dispongo a reescribir el espíritu navideño. En esta época del año todo se transforma en una mayor mentira, todos nos queremos y nos apreciamos. Deseas Feliz Navidad, de dientes para afuera, a todas esas personas que no terminas de cuajar, cuando por dentro te estas quemando vivo, por no poderle decir cuatro cosas y quedarte a gusto. Después está el otro tipo de personas que solo te habla en épocas navideñas para desearte Feliz Navidad, cuando no existes para ella en el resto del año aunque te estes muriendo.

Pero si no quedas contento con la falsedad sentimental de las navidades todavía queda otra gran mentira, el consumismo. Todos presumen en tener el dinero de sus consumistas sueños en sus fantasiosos bolsillos, gastan más dinero del que pueden generar, pero no importa, es Navidad. Enero queda muy lejos y ya tendremos tiempo de lamentarnos y pedir préstamos bancarios.

Que bonito, paz, amor, dinero…. Parece una canción de Juanes. Si nuestras vidas fueran una serie de televisión, todos seríamos teletubbies. Seamos realistas a pocas personas les deseamos felices navidades de corazón. Pero tranquilo, también hay personas y en mi caso son bastantes, que te desean y a las que les deseas, Feliz Navidad de todo corazón, ¡menos mal!