Hace ya como dos años, realice las prácticas de empresa correspondientes a mis estudios en una desarrolladora web, de reciente creación en ese entonces, Ideatori. El propietario de dicha empresa, Marco Leone, me regalo por mi incorporación una libreta. Una libreta de lo más normal, de esas que las vas a comprar con 1 euro y te devuelven 2 euros, con unas tapas en tono verde moco a juego con su resorte blanco.
En el momento de darme la libreta, Marco me aclaro, que era para que yo plasmara mis ideas, bocetos y algoritmos en papel. Vaya si lo tome en serio, casi dos años después de este gran regalo aún es mi libreta de proyectos. En ella he plasmado numerosos ideas, muchas han tomado forma otras han ido a parar al retrete en momentos de verdadero apuro.

La libreta, ha sido testigo de cada uno de mis exámenes de programación, no exagero si digo que ahora mismo puede tener en sus castigadas hojas cientos de algoritmos, de los cuales un 20 % de estos pertenecen a exámenes y el resto a inspiraciones mías.
Mi libreta se ha culturizado, ha pasado de páginas llanamente cuadriculadas a conocer una gran variedad de lenguajes de programación. C/C++ domina, pero también hay espacio para PHP, ASP, Visual Basic 6, Visual Basic .NET, Java, Javascript, SQL, HTML, CSS y alguno más que se me escapa.
Como todo en la vida, mi libreta se está terminando, pero en este caso el fin de mi libreta es el comienzo de nuevas y mejores ideas. Cuando llegue su hora, pasará a ocupar un espacio de honor en mi estantería de libros, esperando que se revalorice y se pueda vender por ebay por unos cuantos millones de euros.
Mi libreta, sin aparente valor, ha compartido conmigo momentos de inspiración y mis ganas de superación. Sin lugar a dudas de los mejores regalos que me han hecho jamás.