Breves pero intensas, serían las palabras exactas para describir mis vacaciones de Semana Santa. Mis momentos de culto religioso fueron minimizados al extremo de la desaparición, para diversificarse en fiestas “carnales”, deporte para mejorar la carne y reflexión para relajar… la carne.
En los primeros días tocó ver a la familia y jugar alguna pachanga de fútbol para ir acostumbrando mis piernas al esfuerzo que vendría en los próximos días.
El miércoles fue el día cumbre para llevar a cabo, Rayco y yo, nuestra particular vuelta ciclista por la pista forestal de Tijarafe, Puntagorda y Garafía. Salimos con nuestras bicis a la 1 de la tarde desde El Pinar de Tijarafe para terminar a las 9 de la noche en nuestras casas. Ocho horas de ciclismo por pistas de tierra, en la que nos los pasamos como pocas veces antes, admirando los excelentes paisajes que se pueden observar en La Palma acompañados de nuestras “idas de bolas”, un día para repetir.
El sábado fue el día de la FIESTA, comenzamos a las 3 con mis experimentos culinarios, que al parecer salieron bastante bien porque se comieron todo lo que iba preparando. En la bodega estuvimos hasta las 9, más o menos, y después de un receso de 2 horas nos encaminamos para Los Llanos para salir un rato de discoteca, hasta más o menos las 3 de la madrugada.
Hice muchas más cosas pero a grandes rasgos estas fueron las más relevantes dentro de mi particular Semana Santa. Ahora toca esperar la llegada del verano para poder volver a disfrutar, pero bueno… dos meses se pasan rápido.
Como nota negativa dejo el regreso a Tenerife, volver de vacaciones nunca agrada pero si a eso le unes tres largas horas de retrasos en el aeropuerto de La Palma, se hace muy estresante. Como curiosidad, en el aeropuerto pude ver a Pedro Piqueras posiblemente regresando como yo de sus vacaciones palmeras.