Escribo para despedirme del 2007, un año que vio como pasaban 12 meses, como 12 apóstoles. “Do mi siete” testigo de como los meses nos abandonaban y relegaban en el siguiente. Termina diciembre, el mes que crucifica al año. Las últimas horas de vida del 2007 serán duras, verá como nos
“disfrazamos” con nuestras mejores telas para decirle “adiós”, como excederemos nuestros límites, y todo para recibir a su sucesor, 2008.

¿Qué le pido al 2008? No le pido nada. No quiero comprometerlo con deseos que no pueda llegar a cumplir. Además, que le puedo reclamar a un año que yo no pueda conseguir con mi dedicación y esfuerzo. Yo me conformo con lo que venga, por que será lo que me merezca. ¿Tal vez podría pedirle salud? Aunque no creo que esto vaya ligado con un deseo para una año venidero.

A ti lector te desearía un feliz y prospero año nuevo, sin embargo no creo que mis deseos para que tengas un buen año sean efectivos si tú no pones voluntad para lograrlo.