¡Buag, un día de playa! 15 sombrillas por metro cuadrado, más personas que granos de arena luchando por un sitio en primera línea de ola y encima tienes que tomar el sol de lado, por problemas de espacio con tal muchedumbre. Corres el peligro de acabar con un trastorno bipolar, con una parte del cuerpo morena y la otra blanca albina.
¡Que no me gustan esas multitudes! Menos mal que cuento en mis filas con un soldado especializado en estrategia, ‘Er Tili’. Yo que estaba resignado a vivir otro día de playa en El Puerto, compartiendo mi grano de arena con un ‘mameluco’. Pero no, su propuesta calculadora, de perfecto estratega, aclaró mis ideas, -¿Por qué no vamos a la playa Las Vinagreras? Dicho y hecho, según nos levantamos, Er Tili, Cristo y yo, nos dirigimos camino a Las Vinagreras, una playa diferente que se encuentra en Tijarafe.
El camino, para llegar por tierra a Las Vinagreras, no es nada bueno. Primero hay que bajar al Poris de Candelaria, hasta aquí todo perfecto porque se puede hacer en coche. Lo complicado viene desde el Poris hasta llegar a la playa. Tienes que bordear ‘la mar’, con zonas un tanto peligrosas. ¡Aaaaay, como se te vayan las patas! Eso sí, el camino y los sudores merecen la pena, lo que te vas a encontrar podrás disfrutarlo en contadas ocasiones y lugares.
Al final del sinuoso camino, te encuentras con la playa Las Vinagreras enmarcada por un arco gigantesco de piedra, producto de mi mente y de los desprendimientos. ¡Vaya playa! La arena es finísima, de la más fina que he visto en la isla. Además, olvida las masas de playeros, muy posiblemente seas la única persona en toda la playa. Eso si que es vida, una playa para ti solo.

Por desgracia el mar estaba fatal, aunque visto desde una óptica masoquista… estaba ideal para aguantar revolcones de olas. Pero, hasta para la desmedida furia del mar encontramos explicación y tiene nombre, Cristo. Una de tres. El tipo es gafe, por que cada vez que se iba a meter al agua el mar enfurecía. También puede ser que el mar sea racista, por que todos los golpes y revolcones de olas se los llevó el negro. O la última, sus heridas son estígmatas que justifican su nombre. Abusando de redundancia diré que, Cristo se quedó hecho un Cristo. El desdichado, se dejó los codos en carne viva.
Amigos de la nave del misterio, ¿Por qué el oleaje no revolcó al traslucido soldado ‘Tili’, estando el negro y el blanco expuestos, de la misma manera, al peligro? ¿Por qué es blanco? ¿Casualidad, destino o intervención divina?
Dejando de lado la broma, me lo pasé genial en esa playa desértica, fue un día increíble. En breve éste trío (Tili, Cristo y ‘mi’) orgullo de la ONU volverá a Las Vinagreras, aunque posiblemente la próxima vez lo hagamos por mar.
Ver el álbum de fotos de Las Vinagreras