El país de la autodistinción
Artículos de Opinión, Mi vidaEstoy melancólico. Llegué al trabajo, y nada más tomar mi puesto, a mi mente ascendió, apartando culos y tetas de mi época imberbe, el recuerdo de aquellos maravillosos años analógicos. Tiempo en el que las personas trabajaban y decían con orgullo, soy camarero, soy albañil, soy maestro de escuela. De esas personas pocas o ninguna queda. Son seres extinguidos en un Sistema de ciudadanos zombis.
No conozco la realidad de otros países, pero apostaría mi garfio a que aquí, en España, tenemos el mayor índice de CEOs y demás faranduleros del mundo mundial. En este país hace unos años que dejamos de crear empresas, ahora hacemos Startup. Nadie es ejecutivo, un honrado trabajador de producción o, simplemente, Juan Palomo. No, ahora son CEO, CTO, CCO u otro puesto que tenga esas siglas anglosajonas cool. Pero, ¿Quién ha asignado a esta gente en esos puestos? La respuesta es concisa y breve, egos.
Tú me podrías decir, “viene a hablar este capullo que dice ser CTO de Promineo Studios”. No te falta razón. Pero debo matizar. Yo me gané mi puesto y la denominación no fue directamente decisión mía, sino de una interferencia externa a la que se le dedicó demasiado tiempo en nuestra empresa, pero en fin, eso es otra historia… Volvamos al caso.
Con una simple búsqueda en Linkedin podrás constatar la cantidad de empresas, startup, o como quieras llamarlas, que existen y la cantidad de trabajadores con altos puestos. Curioso que la mayoría de estas ‘empresas’ están formadas por una sola persona, él o ella, el gran CEO. No busques un camarero en esta red social profesional, no existen, eso no vende, ahí todos los camareros tienen que denominarse, Commercial Partner of {Sustituir por una marca potente}.
Toda esta pantomima no es más que la evolución de los capullos a mariposas. Del manido, hasta aburrir, emprendedor. El salvador del país. Repudiado por mi persona. Un falso dueño de sus actos. El ciudadano zombi, que vive pensando que hace lo que quiere, auspiciado en la libertad de sus actos, sin pararse a pensar que es un títere del Sistema.
Sé que mi discurso no es popular, incluso dañino para mi empresa, pero digo y hago lo que sólo limita mi ética personal. Si la consecuencia son fatídicas, aquí estoy para luchar contra ellas, pero jamás perderé mi humildad, objetividad y libertad.
Un afectuoso beso compasivo para los exclavos del siglo XXI. No viváis engañados.







